25
Sep
2016
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Ese jueguito de la paz

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 -Estamos entre asesinos.

Dijo Jonh sin quitar el ojo del visor mientras continuaba disparando ráfagas. Uno a uno iban cayendo en las memorias de las cámaras los rostros de hombres y de mujeres con gestos de incertidumbre y miradas cargadas de expectativa.

Habíamos llegado al amanecer del día crucial. Por primera vez cientos de reporteros y periodistas podían asistir a una Conferencia Nacional Guerrillera, la última reunión que las Farc realizaban como movimiento armado para difundir sus directrices con respecto al proceso de paz que adelantaba con el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana, entre la mayoría de sus integrantes. Por primera vez la totalidad de los medios de comunicación podrían interactuar con esos personajes que desde la clandestinidad fueron protagonistas de la realidad de un país sumergido en la guerra, en sus cotidianos y sangrientos desenlaces.

La expectativa de los periodistas no era menor que la de los guerrilleros, unos y otros nos mirábamos con una suerte de recelo mutuo, de desconfianza arraigada en el papel que cada uno había desarrollado durante la guerra. Los clicks de las fotografías se estrellaban contra las miradas, entre pétreas y curiosas, de unas personas acostumbradas a vivir en el sigilo de la ilegalidad. “Ojalá esta vez sí cuenten la verdad”, se decían entre ellos, pero en voz alta para que nosotros alcanzáramos a escuchar.

Adiestrados por los lineamientos de los altos mandos de la fuerza pública a cubrir el conflicto bélico más largo del continente desde su orilla, en la que el comunicado de prensa de turno comenzaba con el calificativo: Terroristas de las Farc, y continuaba con algún verbo que resaltaba su accionar insensato: masacran, atentan, destruyen, dinamitan, estallan, secuestran, trafican, asesinan, y seguía con la mención de algún paraje de la geografía colombiana o de alguna población de este territorio, los periodistas teníamos porqué sentirnos de algún modo intrusos entre las huestes del enemigo.

Fueron decenas las veces en las que los mismos reporteros, que hoy disparábamos ráfagas hacia las filas ordenadas de insurgentes que esperaban el discurso de Timoleón Jimenez o Timochenko o Rodrigo Londoño (aún no sabemos cómo llamarlo), habíamos registrado la presentación de cadáveres de un enfrentamiento entre las Farc y el ejército colombiano o la captura de algún guerrillero que la fuerza pública disponía, esposado y con la mirada clavada en el piso, en un paredón oficial para que fotógrafos y camarógrafos nos ensañáramos contra su imagen e informáramos a la opinión pública sobre otra victoria más de los buenos sobre los malvados.

Por supuesto el concepto de objetividad se había difuminado en el ejercicio periodístico de la mayoría de quienes ahora teníamos la tarea de mostrar al mundo otro paso más de un proceso de paz que todavía no había concluido, al que aún le faltaba el visto bueno de la ciudadanía mediante un referendo y que durante las próximas semanas sería el espejo que mostraría las cicatrices de una sociedad fragmentada por la guerra y por el oportunismo de quienes todavía desean que en Colombia el comienzo de la reconciliación se aplace otro par de generaciones.

Entonces, el cubrimiento de esta noticia en la que medios de comunicación de todo el planeta mostraban un urgente interés venía a ser el descubrimiento personal de una realidad que muchos de nosotros conocíamos muy bien en una de sus aristas y a la que habíamos contribuido a sesgar sirviendo de caja de resonancia para los comunicados emitidos por el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional. Serían cuatro días para oír a los guerrilleros de base, que aún llevaban sus fusiles terciados, contar su versión de los 52 años de la guerra que ubicó a Colombia en el mapamundi y convirtió a muchos colombianos en esos seres que cargan el odio entre sus mochilas y lo esgrimen con gusto o resentimiento en cada una de sus conversaciones.

-Estamos entre asesinos-. Repitió Jonh mientras seguía obturando su cámara.

-Pero no parecen tan bravos-. Le contesté sin dejar de disparar.

Récord No. 1

Gustavo. 26 años. Taxista. Testimonio recogido antes de llegar a la zona campamentaria de las Farc en los llanos del Yarí.

“Nací en esta tierra, en el Caquetá. Toda la vida, desde que tengo conocimiento, la he vivido entre disparos, amenazas y familiares asesinados. Este ha sido un territorio dominado por las Farc, recuerden que acá en San Vicente fue donde se realizaron las conversaciones con Andrés Pastrana y todo este territorio fue el que se les entregó a ellos mientras se adelantaba ese proceso que terminó fortaleciendo militarmente a esa guerrilla. Es una tierra rica, fértil y abundante en recursos. El trabajo nunca falta, pero casi siempre es un trabajo ligado a la guerra. Cultivos de coca, laboratorios de producción de cocaína, algunas petroleras y multinacionales que para operar deben pagarle una vacuna (impuesto de guerra) a los guerrillos. Secuestros a diario, recuerden que acá fue que secuestraron a Ingrid Betancourt. Ustedes pueden preguntar, todo lo que quieran, pero eso sí, poco es lo que les van a decir, en medio de todo la población sigue viviendo con miedo, porque además de la guerrilla también tenemos grupos paramilitares que de a poco han ganado terreno y a esos sí que les molestan los sapos. Con esto del cese bilateral es mucho lo que hemos descansado, pero como sea la guerra continúa…

… ¿Ustedes escucharon lo de las casas bomba? Era una práctica de guerra de las Farc para matar policías y soldados. Estos malparidos ubicaban casas a orillas de las carreteras, por donde sabían que pasaban patrullas de la fuerza pública, las llenaban de explosivos y cuando las patrullas pasaban, ¡pum!, las estallaban. En una de esas murió mi madre. Ella había sido arrestada porque la agarraron con unos kilos de cocaína y la estaban trasladando hacia Florencia en una de esas patrullas cuando detonaron una de esas casas. Murió en el acto, no quedó nada de su cuerpo reconocible. Murieron también 13 policías…

…este gobierno habla de perdón y de reconciliación, claro, a esos políticos les queda fácil montar esos discursos, pero para mí eso es pura mierda. Pura y física mierda. Para mí este proceso lo que va hacer es darle más poder a la guerrilla y la guerrilla lo que se merece es plomo verdadero. Que les caiga el ejército con toda su fuerza y los desaparezca. Yo presté el servicio militar y era un soldado de los buenos. Siempre quise ser soldado profesional pero no me alcanzaron los recursos para seguir la carrera. Si no, estuviera al frente matando guerrillos por puro gusto. A mí me pueden venir a hablar de perdonar y dejar el pasado atrás. Lo que sí sé es que a esos hijueputas de las Farc yo no los perdono nunca…”

Record No.2

El Paisa. Integrante de las Farc. Primer testimonio de los guerrilleros de base en la Décima Conferencia.

“¿Usted qué haría si viene un tipo con un machete con todas las intenciones de matarlo y usted tiene a mano un cuchillo para defenderse? ¿Se defiende o se deja matar? Ah, por eso, eso es lo que han hecho las Farc durante medio siglo de existencia. Defenderse y defender con las armas lo que le corresponde al pueblo. Que nos digan terroristas, que violamos el derecho internacional humanitario, que usamos minas quiebrapatas. ¿Por qué no dicen lo mismo del gobierno que llegaba por las noches a bombardear campamentos con esos aviones gringos? ¿Por qué no resaltan que el ejército colombiano hizo uso de la tortura, de la violación sexual, de las masacres perpetradas en conjunto con los paramilitares? Eso si no les interesa mucho a ustedes los medios. Y de acabar con ese desequilibrio es de lo que se trata con este acuerdo de paz. Que cada quien asuma lo que hizo en el conflicto, se responsabilice y si debe pagar que pague. Pero que seamos todos y empecemos a pelear ahora sí parejo, pero con la palabra, mediante la política…

…claro que retuvimos rehenes, para nosotros no fueron secuestros, no señor. Rehenes que retuvimos para presionar a los gobiernos, sobre todo al anterior, para que aceptara que en Colombia había una guerra civil, un conflicto armado y desigual generado por la inequidad social…

…lo de las minas nos duele a todos, pero teníamos que sembrarlas para evitar que el enemigo se nos acercara, en ellas también cayeron varios militantes nuestros. De algún modo teníamos que tener a raya a los soldados que llegaban con toda a rompernos…

…acuérdese de que estábamos en una guerra y una guerra se hace matando al que lo quiere matar a uno.”

El picadito

Para echarse un picado de futbol no hace falta sino un pedazo de terreno plano y una pelota. Jugadores es lo que hay. Los guerrilleros de base, por más insertos que hayan estado en la selva no se han escapado de ese fanatismo por la religión con más adeptos de esta era humana.

Cada arco lo levantan con tres varas de guadua, dos enterradas treinta centímetros y el travesaño atado a estas con un amarre de cabuya y reforzado con un par de puntillas. Breve. Rueda el balón y se despliegan las estrategias improvisadas y las gambetas hábiles, aún con esos guayos de caucho que suben hasta las canillas. Algunos llevan camisetas de equipos del rentado local, otros portan esas prendas que son el último grito de la moda entre los jóvenes del planeta. Juventus, Real Madrid, Barcelona, Nacional. Dicen que el fútbol ha sido su mayor modo de esparcimiento y que ahora que los fusiles andan de descanso han podido armar campeonatos entre las escuadras y tomarse un poco más en serio esto de las fintas y los goles. Incluso aseguran que entre sus filas hay muchos jóvenes que han contemplado hacer del fútbol un camino cuando se reincorporen a la vida civil.

Se arrastra la pelota entre el césped rojizo de una cancha improvisada, algunos jugadores se quitan las camisetas para que el color de su piel cobriza diferencie a su equipo del rival. Juegan.

Entre tanto los demás camaradas se ocupan de los quehaceres diarios, algunos cocinan, otros levantan más dormitorios o caletas, que así les llaman. Fotógrafos y periodistas se han dispersado en los tres campamentos dispuestos para recibirlos durante esta décima conferencia. Las carcajadas del partido restallan en el aire y la diversión guerrillera se expande hasta las improvisadas graderías. El balón llega a mis pies y un guerrillero con una sonrisa altiva me desafía: ¿Va a jugar o qué? Le devuelvo el balón con una débil patada. El miedo escénico me paraliza y le digo que no, que todo bien. Me escondo tras el visor de la cámara.

Cavilaciones de la noche oscura

¿Qué demonios hace un humano de esta era sin el llamado permanente de las notificaciones de las redes sociales implorándole a cada segundo su atención histérica?

En el Yarí, durante la Décima Conferencia Guerrillera, la conexión de internet era un lujo del que debía prescindir, al igual que el agua potable y el inodoro para la evacuación. La primera noche se acercaba y quedaba la opción de unirme a los corrillos de periodistas que comentaban sus apreciaciones del evento, las quejas sobre las falencias de la logística y la agenda de los próximos días. Decidí obviarlos, echar mano del solipsismo conveniente y caminar, bajo un cielo cargado de nubes espesas, el kilómetro de suelo resbaladizo que separaba la sala de prensa del campamento donde se encontraba mi caleta.

Llegando a la estructura de madera recubierta con plástico en la que nos alojamos por lo menos cien de los invitados, el brillo intermitente de un cigarrillo encendido me avisó de la presencia de un hombre cuya silueta se definió mientras me le acercaba en medio de la oscuridad. De pie, con el fusil terciado y en la mano una pequeña linterna a la que encendía de cuando en cuando, Pablo me regaló una entrevista espontánea.

Record No. 3

Pablo. 57 años de edad, 46 años en la guerrilla.

“¿Qué es un guerrillero? Bonitica la pregunta. Vea le digo. Un guerrillero es un campesino sin otra opción que tomar las armas. Un guerrillero es un colombiano al que le abofetearon sus derechos y se cansó de pedir limosnas. Un fariano es un huérfano del Estado colombiano que encontró una familia con un régimen de disciplina que le dio acogida. Un fariano es un tipo como usted, pero sin sus privilegios…

… ¿Cuáles privilegios? Con respeto se lo digo, estudiar en Colombia es un privilegio del que no goza la mayoría. Mire, yo ingresé a las Farc cuando contaba 11 años, era un niño del campo sin más estudios que el primero de primaria. Fue en el grupo donde aprendí a leer y a escribir de verdad, todos los conocimientos que tengo se los debo a la organización. Y el calor de una familia, la mía fue desintegrada por la violencia, lo recibí de los camaradas y los comandantes…

…las Farc han sido un movimiento traicionado durante sus 52 años de historia. Las armas son una respuesta a esas traiciones. Nacimos como un movimiento liberal que se defendía de los gobiernos conservadores, pero liberales y conservadores se juntaron en un pacto para dividirse el poder sin contar con el pueblo y nosotros representamos al pueblo, nuestras armas son la inconformidad del pueblo. Cuando se juntan liberales y conservadores tenemos que cambiar a ser un movimiento comunista, que lucha por los derechos del campesinado, por los ideales de los trabajadores, porque la sociedad colombiana sea más justa, más equitativa, para que todos tengamos las mismas oportunidades…

…Siempre, siempre hemos tenido voluntad de paz, en los 80 nuestra ala política fue exterminada, en los 90 Pastrana se echó para atrás en el proceso de paz del Caguán, en los 2000 Uribe nos declaró la guerra sin contemplaciones. Hoy con Santos vemos que las cosas pueden por fin cambiar y por eso creemos en este proceso que ha contado con mayor seriedad. Faltan algunos pasos y que se nos garantice que nos cumplirán, porque si algo es seguro es que nosotros cumpliremos…

…la guerra en Colombia es una guerra por esto, por lo único que le da sustento a la existencia humana, la tierra.”

Con la linterna del celular iluminé el rostro de Pablo, para darle una fisionomía a esa voz que, a pesar de haberse formado en las vivencias de la guerra, podía hablar con un fundamento propio acerca del juego de la paz. Tras observar ese rostro surcado por unas arrugas, coronado con una boina en cuyo centro refulgía la cara del Ché Guevara, apagué la luz, guardé la grabadora, le extendí mi mano en señal de comprensión y entendimiento y me dirigí hacia mi caleta.

Mi caleta, mi dormitorio. Un habitáculo de dos metros por uno, cuyas paredes son una lona verde de esa que se usa en las ciudades para cubrir las edificaciones en construcción y su techo una malla delgada, que sirve de mosquitero, cubierta con un plástico negro. Mi cama, una estructura resistente, levantada 10 centímetros del suelo con varas de madera diestramente ensambladas que soportan una colchoneta de espuma, dos sábanas de tela y una pequeña almohada. Dejé caer el peso de mi cuerpo que extendió el cansancio de todos sus músculos y cerré los ojos. Un dulce aroma de tierra húmeda envolvió a un sueño profundo en el que mi lecho insurgente se convertía en un amplio puente pendiendo sobre un precipicio enmarañado.

Justificaciones del dolor

Un café a la vera de la quebrada. Los guerrilleros uniformados terminan una rutina de calentamiento y se dispensan para comenzar el día. La estufa despide el humo de la leña y calienta el agua dónde hervirá el sancocho del almuerzo.

En la cañada, en la que dispusieron una estructura de madera para separar la corriente de agua en dos caudales, uno para el baño y otro para lavar la ropa y las ollas, dos guerrilleras y tres guerrilleros se bañan. Todos en prendas menores enjabonan sus cuerpos y conversan. El brillo de la corriente, que refleja la vegetación aledaña resaltada por los rayos cortantes del sol de la mañana, me invita a hacer lo propio. Es hora de bañarse.

Me despojo de la ropa y en calzoncillos, con el pudor que mi cuerpo fofo instala en mis movimientos torpes, me acerco al grupo. Con la corriente hasta la cintura y ayudado por una vasija, dejo que el agua cumpla su papel de elemento vivificador mientras los guerrilleros me interrogan acerca de mi oficio, del medio para el que trabajo, de dónde podrán ver las fotografías y los vídeos que he realizado y de cómo me ha parecido la experiencia.

Luego de la presentación una especie de confianza se establece en la conversación y terminamos hablando de lo que más se les reprocha a las Farc desde las ciudades.

– Así, en libertad, es todo un placer compartir su forma de vida. Otras cosas sentirían los cientos de personas a las que las Farc secuestraron-. Digo con torpeza y recibo la mirada recelosa de todo el grupo.

-No la pasaban tan mal como lo pintan-. Increpa una mujer que escurre, retorciéndola desde el vientre, la pequeña camiseta que lleva puesta.

-Comida y baño nunca les faltó a los retenidos. Algunos se enfermaron, pero de lo que nos enfermamos todos en la selva, paludismo, malaria, y aun así siempre tuvieron atención médica-. Agrega uno de los guerrilleros, acentuando la palabra retenidos.

-Pero muchos otros murieron, otros todavía no aparecen-. Digo yo, procurando ser afable y enjuagando el comentario con un último chorro de agua fría.

-Ni aparecerán-. Dice, con cierta agresividad contenida, el más parco de ellos mientras pausadamente sale del agua.

-Todavía no se enteran ustedes los periodistas de que las guerras se hacen con sufrimiento. Pero de eso no estamos autorizados a hablar nosotros los guerrilleros rasos. Para eso debe entrevistar a un comandante-. Culmina el único guerrillero que esperó a que yo me saliera del agua, con mis impertinentes preguntas, para salir él también a continuar con su día.

Record No 4.

Cristóbal Garcías, Tercer Comandante del Frente 16. 19 años en las Farc.

“Yo ingresé a las Farc a la edad de 13 años. En la región dónde vivía hacían presencia los paramilitares. Ellos mataron a mis padres y yo quedé completamente sólo, huérfano, abandonado, sin nadie que viera de mí. Tiempo después las Farc aparecieron en la región, nos conocimos, hicimos contacto y decidí ingresar para buscar una forma de vida…

…en la guerrilla he tenido muchas experiencias, en la parte política, en la parte militar, el estudio, la preparación ideológica. Son muchas las experiencias que uno tiene en la guerrilla y uno aprende mucho, desde lo más básico que es aprender a leer hasta lo más alto que es llegar a ser comandante y encargarse de diversas tareas liderando las escuadras y los frentes…

…en este momento mis tareas se concentran en la preparación de los guerrilleros de base para el siguiente paso si se firma la paz. Estamos muy emocionados con eso porque en Colombia nunca había sucedido algo así, es un hecho histórico que vivimos en estos momentos…

…aquí el estudio lo hacemos entre todos. Todas las mañanas, ahora que estamos en cese bilateral del fuego, las aprovechamos estudiando, leyendo y debatiendo cada uno de los avances que se dan en La Habana. Los camaradas que van a La Habana nos tienen bien informados sobre los avances del proceso para que saquemos conclusiones apropiadas. No nos atenemos a las noticias de los medios de comunicación porque ellos distorsionan la verdad de lo que sucede allá, los camaradas nos aclaran cómo son las cosas en realidad…

…los medios son el cuarto poder y lo aprovechan para desdibujar la verdad. A ellos les interesa vender y está demostrado que su negocio se acrecienta cuando hay sangre y conflicto en sus noticias. Por eso los invitamos a esta conferencia guerrillera. Para que se dejen de decir que somos unos asesinos, que somos lo peor de la sociedad. Ahora que están aquí, en medio de nosotros, escuchándonos, se están dando cuenta de que no somos lo que ellos piensan, lo que se imaginaban…

…montar estos campamentos nos llevó más o menos treinta días y no hemos terminado porque el tiempo fue muy corto y llegó más prensa de la que pensábamos que iba a venir, nos quedamos un poco cortos, pero hicimos lo que más pudimos…

…esas cuestiones de las retenciones, que ustedes llaman secuestros, del narcotráfico y de las minas son delicadas de tratar. Lo de las retenciones obedeció primero a una forma de obtener recursos para mantener a las escuadras. La guerra necesita financiación y ¿cómo más se pueden financiar estos ejércitos que operan en la ilegalidad? Después, las retenciones de policías, soldados y políticos se hicieron para presionar al gobierno y demostrarle que teníamos el suficiente poder para mantenernos en píe de guerra. Sucedieron episodios trágicos y tristes, como la muerte de los diputados del Valle y otros, pero esos son los daños que la guerra trae consigo y que nosotros también lamentamos…

…no es cierto que las Farc fabriquen cocaína. Nosotros nos financiamos mediante el cobro de un impuesto a los cultivadores de hoja de coca y a los dueños de los laboratorios. Sabemos que ese modo de financiación es lo que más se nos cuestiona y ha sido un punto delicado en el proceso de paz. Nosotros insistimos en que ese es un delito cometido en medio del conflicto armado y así debe ser juzgado más adelante…

…si se firma la paz, que es lo que todos esperamos y por lo que trabajamos ahora, seguiré trabajando en el movimiento político y siguiendo las instrucciones del secretariado. Yo crecí con ellos y toda la vida he creído en ellos, así que esperaré sus instrucciones para seguir trabajando en lo que me corresponda, en bien del grupo y de Colombia, por supuesto…

…el mensaje, para los colombianos y para el mundo es que crean en la paz, nosotros siempre hemos luchado por la paz, ese es el mensaje.”

El socialismo desde la selva

Ver trabajar a los guerrilleros en equipo es algo admirable, sobre todo para los urbanos acostumbrados al ejercicio cotidiano de la individualidad y de la competencia.

Por acá, en medio de la carencia de los recursos, de la precariedad de las herramientas, de la maravillosa ausencia del mercado y sus transacciones monetarias, lo que sobra es el sudor compartido, la repartición equitativa de las tareas que propenden por un bienestar común. Imposible no caer en cuenta de que es a esto a lo que se refieren los especialistas cuando hablan de la utopía socialista.

Aparte de todo, esto de asistir a la conferencia guerrillera ha sido más un ejercicio antropológico para apreciar una comunidad humana que funciona sin la imposición burocrática de jerarquías, muchas veces arbitraria, sin la exigencia, siempre deprimente, de documentos, listas, turnos y filas que determinan el funcionamiento, si puede calificarse así, de nuestras entidades capitalistas.

Al ver a un comandante de escuadra que, después de una hora de ejercicios de calistenia, informa a los guerrilleros sobre las actividades a realizar durante el día, despojarse de su boina y de su arma para unirse al grupo y emprender el corte de maderos con los que construirán un pequeño puente y hacerlo en medio de bromas y risas, entendemos el significado de la palabra camaradería.

Y si hablamos de la ausencia del órgano que todo lo limita y delimita en Colombia, país que de acuerdo con las estadísticas está entre los diez con más católicos en el mundo, comprendemos aún más el difícil camino de este movimiento insurgente que osa poner a la voluntad humana por encima de los designios del dios de la biblia.

No hay matrimonios en las Farc, en sus campamentos no hay capillas ni altares. Las parejas se juntan de acuerdo a unos preceptos de igualdad en los que ambas personas tienen los mismos derechos y deberes. Durante la guerra se prohibía el embarazo y extensos son los reproches que la conservadora sociedad colombiana le ha hecho a los rebeldes por implementar el aborto entre sus lineamientos. De hecho, estos han sido los argumentos que quienes se oponen al proceso de paz y a la inserción de las Farc en la política han esgrimido de manera más feroz para que el próximo 2 de octubre los colombianos voten el No en el plebiscito. Y quizás les funcione la táctica de oposición; la libertad de culto, al igual que el derecho al aborto son conquistas que, aunque aparecen en la constitución, no gozan de la legitimidad popular en Colombia.

Record No.5

Rudy Guzmán. Guerrillera de base. 27 años de edad, 17 años en las Farc.

“Nací por los lados de Vista Hermosa, en el departamento del Meta. Ingresé a la guerrilla porque el ejército, en compañía con los paramilitares, mataron a la mayoría de mi familia, .

…La vida de la mujer en la Farc es algo tan esencial como la existencia de la mujer en todos los ejércitos del mundo. En las Farc los derechos de la mujer son muy respetados, contamos con el respaldo de todos los hombres que nos rodean, nuestro papel en la guerrilla es muy valorado y nos sentimos muy orgullosas de pertenecer a esta organización que es una de las pocas que ha hecho respetar los derechos de las mujeres…

…durante la guerra era imposible conformar una familia. Hacemos parte de un ejército militar y los bebés en una guerra no ayudan. Las parejas se formaban, pero no había casamientos ni nada de eso. En cualquier momento a cualquiera de los dos le tocaba partir para una misión, sin saber si volvería. Las separaciones solían ser repentinas, por eso no se daban mucho las relaciones largas…

…más que novios o esposos, las parejas en la guerrilla se forman por socios, personas que se apoyan, conviven temporalmente y le hacen el quite a la soledad…

…claro que esperamos que esto cambie, en este momento vivo acá con mi socio y tenemos proyectado armar una familia con hijos cuando termine la guerra…

…me gustaría estudiar medicina y pienso en seguir haciendo parte del grupo y apoyar con más conocimientos a toda la comunidad…

…a los que van a votar en el plebiscito les digo que es la hora de que Colombia se entere de los verdaderos motivos que nos tuvieron tanto tiempo en la guerra. Que valoren el esfuerzo nuestro de tantos años y el sacrificio de tantos combatientes que entregamos nuestras vidas, nuestro sufrimiento para poder ver una Colombia en paz. Es la hora de que ellos apoyen y realmente luchen por esa paz, porque esa paz es para ellos más que para nosotros”.

El programa agrario, los líderes sociales y otras ráfagas

Record No.6

Jarvey Arenas. Comandante de Escuadra. 16 años en las Farc.

“La igualdad social y la política agraria son las directrices de nuestra lucha. Hemos visto que estos 52 años de guerra pueden llegar a su fin, pero nuestro programa agrario y nuestra plataforma de lucha la seguiremos defendiendo ahora desde la política…

…la plataforma de lucha se resume en dos cosas: bienestar para todo el pueblo colombiano y democracia con justicia social, donde todo el que tenga interés en hablar pueda hacerlo sin miedo y sin temor de que lo van a callar por medio de la violencia. Vamos a superar la paz de los sepulcros que es la paz que han implementado los paramilitares y algunos miembros del Estado colombiano…

…nosotros nunca hemos sentido temor o miedo por dejar las armas. Nosotros no tomamos las armas por gusto propio sino porque nos obligaron a tomarlas. Desde el comienzo hemos apostado por la salida política pero esas puertas a lo largo de nuestra historia nos han sido cerradas…

…confiamos en que ahora las cosas son diferentes, el proceso de verificación con la ONU y otros países garantes nos da confianza para continuar con el proceso. La pelota en este juego está en manos del gobierno, nosotros tenemos la voluntad de cumplir con el acuerdo. Al gobierno, al Estado y a la sociedad les corresponde ahora cumplir…

…esperamos que toda la inversión que el Estado le ha hecho a la guerra, durante tantísimos años, la dirija hacia la salud, la educación, la vivienda. Que no se mueran nuestros niños de hambre, como pasa en La Guajira, que los ancianos no se mueran en los hospitales, que al pueblo no le toque vivir en huelga por falta de educación, que se les devuelva la tierra a los campesinos y se desarrollen verdaderos planes agrarios de producción, a eso es a lo que nosotros le apostamos…

…el mayor obstáculo para la paz es la mentalidad de exterminio de muchos dirigentes. Es una mentalidad que ha trascendido hasta la sociedad y a los sectores poderosos que han visto en la guerra un medio para lucrarse. Todavía no se firma la paz y ya han matado a muchos líderes sociales que trabajan con las comunidades. Ayer mismo mataron a dos. Esos obstáculos debemos saltarlos para poder emprender el camino de una paz verdadera”.

Más que a una aprobación por parte del pueblo colombiano en el plebiscito, que dentro de un semana decidirá si el acuerdo de paz contará o no con el respaldo de la mayoría, las Farc le apuestan a una constituyente, es decir a la modificación de la constitución colombiana en la que se implemente, entre otras, una política agraria que permita que sean los colombianos quienes disfruten de sus recursos naturales por medio de una explotación equitativa que promueva un desarrollo social en el país.

Los guerrilleros hablan con propiedad de Marx y de Lenin y aseguran que la ideología imperante en la Unión Soviética, durante la llamada dictadura proletaria de Stalin, es el faro que debe iluminar el camino hacia una nueva Colombia. Para las Farc la implementación del socialismo es el remedio para el subdesarrollo que, a su modo de ver, es producto de las políticas neoliberales que rigen al país y que han permitido la expansión imperialista de los Estados Unidos hacia nuestro territorio.

Todo muy sensato y coherente, sin embargo es allí donde se planta el principal óbice para los propósitos de la insurgencia que, en caso de que el proceso de paz avance, incursionará en la política colombiana. Nada más alejado de la sociedad actual, en la que cada vez cobran mayor relevancia los jóvenes, que esgrimir preceptos políticos del siglo pasado y tener como referente a modos de gobierno que, aunque han contado con el respaldo popular en países como Cuba y Venezuela, dejan la sensación de que por ahí no puede ir la cosa.

Baste decir que la repetición incesante del término castrochavismo ha servido como estandarte de los opositores del proceso de paz para ganar adeptos, para satanizar al proceso de paz y calificarlo como la escalera para que un modelo de socialismo autoritario, represor y violador de los derechos humanos se instale en Colombia.

Sentado, en una de las tiendas provisionales instaladas en esta especie de complejo insurgente, observo a los guerrilleros practicar el deporte por excelencia de los colombianos: despachar botellas de cerveza. Una radio estridente arroja vallenatos a todo volumen, los himnos excelsos de todo el territorio nacional. Algunas parejas se animan a bailar, parecen cerrar la noche de esparcimiento iniciada con las presentaciones de bandas musicales guerrilleras y cantantes de trova cubana realizadas sobre la tarima donde hace dos días habló Timochenko al instalar la décima conferencia guerrillera.

Al tiempo que mi cerveza refresca esta última noche entre la guerrillerada, como ellos denominan al conjunto de guerrilleros sin rango y que son la fuerza de este grupo rebelde, una serie de preguntas, que quedaron en el tintero de este trabajo periodístico, se resbalan hasta mis entrañas.

¿Tendrán las Farc la suficiente creatividad para proponer un cambio político que no suponga someter al pueblo colombiano a las arbitrariedades de ese socialismo que deifica comandantes como Chávez o como Castro y en el que claramente a los individuos se les cercenan aspectos importantes de su libertad?

¿Dejaran las Farc que a sus combatientes los devore, los absorba, la dinámica renqueante y disfuncional de nuestro sistema económico y social después de que su ejército, siempre inferior en número de combatientes y en capacidad tecnológica, pudo sostener, a fuerza de disciplina y convencimiento, una guerra que arrinconó a los gobiernos colombianos de cinco décadas?

¿Me encontraré mañana con estas personas, que crecieron en las montañas aprendiendo tácticas militares y departiendo los ideales de Bolívar, otra de sus deidades, haciendo una fila en un hospital, suplicando con la muerte en la espalda ser atendido o en la fila de una entidad bancaria apretando la ansiedad porque un crédito sea aprobado?

¿Entenderán los demás colombianos la nobleza de ese gesto de dejar las armas y dar un salto hacia el vacío que en Colombia supone la legalidad –sobre todo la política- y votarán un Si inspirado en la no repetición de los episodios de esta guerra colombo – colombiana?

¿Tendrán en su radar Las Farc a políticos como Rafael Correa de Ecuador o José Mujica de Uruguay que supieron instalar modelos de una izquierda centrada en el bienestar común e impulsaron el desarrollo de sus sociedades?

¿A cuántos de estos guerrilleros asesinarán los grupos de la derecha criminal de Colombia, una vez se encuentren inermes, protegidos únicamente por la también disfuncional fuerza pública colombiana?

¿Podremos por fin los periodistas dedicarnos al registro de historias menos agotadoras, física y moralmente, que las liberaciones de secuestrados, las presentaciones impúdicas de cadáveres ordenados en bolsas plásticas o las consecuencias de los estallidos de la infraestructura petrolera y energética?

¿Cuánto tiempo tardaremos los medios de comunicación en entender que de nuestra manera de abordar las noticias depende también la prolongación de los conflictos sociales?

Una guerrillera, vestida con uniforme militar y ataviada con esos tejidos coloridos que ellas mismas elaboran, se me acerca y me arranca de estas cavilaciones invitándome a bailar. Le digo que no, que mis piernas no están a tono para estas melodías. Mientras se aleja en busca de un parejo de baile, se me antoja imaginarla como un peón que camina en la mitad de un siniestro tablero de ajedrez, salpicado de sangre y en el que todavía quedan muchas fichas vivas.

Texto y Fotografías: César Mariño García

Septiembre 25 de 2016

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