6
Sep
2021
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Cuatro variaciones y muchas lágrimas

FotoGrafía: Sylvia Zárate / Animación: Caudal Images

1

Sucedió ayer en un pequeño poblado colombiano.

Dos niños corren por un camino de piedra que lleva a su escuela.

En sus manos sendos cuadernos precarios con la tarea.

17 y 12 años, toda la muerte por delante.

Del rastrojo de una montaña surge una fauce metálica.

Una ráfaga rompe el viento.

No hubo momento para una lágrima.

Los cuadernos yacerán con sus hojas agitadas por una brisa macabra

y su tinta se alamagamará con la sangre infante

para siempre.

En Colombia los dinosaurios tienen forma de bala y nos respiran en la nuca.

2

Corres por el camino pedregoso con tu cuardeno de tareas en la mano.

Persigues a tu amigo de 17 años que avanza más rápido.

Llevas la esperanza de que la escuela esté abierta

y piensas en la sonrisa de tu maestra.

Una rágaga rompe al viento

Tu sangre

de 12 años cumplidos

se funde con la tinta de tu tarea.

El dinosaurio retrocede y esconde sus colmillos en la maleza.

3

El dinosaurio tiene hambre, quiere sangre y espera escondido entre la maleza. A lo lejos dos siluetas descienden por el camino pedregoso. Son dos niños, carne fresca. Con la precisión de sus 60 años de experiencia escupe su veneno, ve cómo caen fulminados de cara al cielo y esboza una sonrisa. Lentamente se acerca hasta los cadáveres y el aleteo de las hojas de unos cuadernos capturan su atención. Los huele, los lame y sin masticarlos se los traga. Satifescho se echa a la vera del camino a la espera de nuevas presas.

4

Se llamaban Crisrtián y Maicol. Tenían 12 y 17 años. No despertarán nuevamente. Sus nombres y los dinosaurios que dibujaban en sus cuadernos se sacudirán al vaivén de brisas macabras y habitarán por siempre, manchados de sangre, en mi memoria. Los mató la guerra en Colombia.

César Mariño García