6
Sep
2021
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Contagio I

Fotografía: César Mariño / Animación: Caudal Images

con ese desdén de dios macabro

entraste en mi cuerpo

para marcarlo con tu lengua acerada.

Sin apenas anunciarte

empujaste la puerta

para introducir tu mano pegajosa

en los intersticios de mis células.

Sin apenas afanarte

te zambulliste en mis carencias

para detectar un resquicio

y dejar abierta una grieta.

Con tu parsimonia acelerada

y tus llaves diminutas

fracturaste mis cerrojos

y burlaste mis barreras.

Heme aquí tendido

buscándote entre los pliegues

de mis delirios febriles

para rezarte

para maldecirte

para implorarte

y escupirte

para suplicarte

con lágrimas de piedra

que por favor

me dejes con vida.

Contagio II

Cualquier precaución, de máscaras higiénicas, de aislamientos voluntarios, obligatorios e inequívocos, resultará poca a la hora de correrle a este nuevo dios que ha trocado la corona de espinas por una nueva aureola de bastoncitos malévolos que rompen membranas para lograr su colonización macabra. Parásito asfixiante, demiurgo indiferente, no obedece a intereses y sin embargo nos arrodilla con su látigo invisible, de dolor y de asfixia.

Cuando cierro los ojos, en procura de una partícula de oxígeno, que equilibre mi hondo pesar, se deslizan sobre las membranas de mi vista, las oscuras carcajadas, mutantes y mudas, de esta maldita voluta que no alcanza la categoría de ser y sin embargo asesina. Pasa mi existencia a la mustia estadística, por ahora sólo uno más en el mar del contagio, ojalá no otro más en la fosa profunda de la nada. Que ningún dios, ni este puto virus, así lo quieran.